
De: En el nombre de Dios
Érase un espíritu delicado, translúcido rayo de luna, trémula luz de luciérnaga, tenue amanecer de primavera.
Érase un espíritu de fuego, aliento volcánico que enciende la prosa y convierte la lluvia en un océano de letras.
Érase el enigmático canto del zenzontle, sinfonía de girasoles al encontrar un sol victorioso.
Suave susurro de las jacarandas y del tabachin en las tardes de junio.
Érase el avivamiento, que despierta el corazón aletargado, el tiempo que sabe a moscatel, labios de ámbar que destierran la amargura y devuelven a la tierra, la alegría prometida.
“Avivamiento sagrado, corazón de colibrí que amo.”
Roberto Macías
“Y en este mundo sombrío, la fuente cristalina que apaga mi sed de poeta.”
Roberto Macías
El avivamiento que con una sola palabra, me salva del temible abatimiento.
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