
De: En el nombre de Dios
Estoy ante el gran justiciero; translúcido patíbulo que desenmascara al hombre urbanita, de su blanca piel de vanidades.
Las divertidas máscaras de carnaval y los velos de medianoche, caen al suelo de un golpe: ¡Ahí está la hambrienta bestia!
“Solo desnudo se aprecia mejor la decrepitud de su Ser: Cuerpo esquelético, de mirada siniestra que envenena el viento y las aguas.”
Roberto Macías
Ante el espejo, su presencia sanguinaria queda expuesta: ¡Vean al carnicero, que devoró a Júpiter!
¡Aquí está Caín que asesinó Abel!
Raza de homicidas.
La bestia no soporta ver su rostro abyecto; cruel verdugo que presumía piedad, y de noche, devoraba incautas luciérnagas...
Espejo que se burla de los mortales, mostrando sus cuerpos decadentes y sueños de grandeza convertidos en insignificantes cenizas.
“¿Qué mortal puede superar su infalible juicio?”
Roberto Macías
¿Qué hombre puede escapar indemne a su sentencia?
Yo, aprendí a mantenerlos cubiertos; evitando el dolor de contemplar mi cuerpo marchito y el corazón maltratado de intentar amarla, so pena de ser desterrado.
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