
De: En el nombre de Dios
“Hubo una época de risas, en que ningún Dios imperaba; no existía el miedo, la condena, ni el infierno. Era una tierra nueva: sin mandamientos, diezmos o primicias. Dar y compartir eran los únicos tratados. En aquel momento primaban el amor y el respeto, nadie llamaba a levantar las espadas y conquistar un trozo de tierra santa. Éramos hermanos, mujeres y hombres que nacían libres, sin el yugo de la religión. Amábamos la naturaleza, dominábamos el fuego, adorábamos la lluvia, y desentrañábamos los misterios del universo; sin necesidad de arrodillarnos ante inertes estatuas de barro.”
Roberto Macías
“Pero sucedió un día, que el diablo destruyó todo esto: Creó a Dios, redactó a su antojo un testamento, imponiendo su retorcida visión: Un Dios único, todopoderoso y verdadero. Viendo que esto era bueno, el diablo esparció sobre el mundo tres plagas: profetas, santos y vírgenes inmaculadas. Intermediarios necesarios para alcanzar un cielo. Entonces los hombres y mujeres que vivíamos como hermanos, nos enfrentamos a muerte por poseer una biblia y un crucifijo, alabado sea el reino de Dios.”
Roberto Macías
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