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poema20 de diciembre de 2025

Un licántropo sin musa

De: Poemas 2025

Créeme que intenté enterrar tus huellas, quemar la tinta y desgarrar la voz que despierta mi espíritu de licántropo.

Busqué descifrar tus letras, encontrar certezas y despejar tus silencios. Pero fue en vano: no pude desentrañar tus emociones.

Entré en un camino sin retorno, atrapado en una espiral infinita que acrecentaba la locura por libar contigo. Mi cuerpo de licántropo tenía incrustado un corazón de colibrí, que sucumbió a tus encantos.

“Armadura que cedió ante tus cantos de sirena. No pude resistirme a conquistar la sagrada flor de loto, que perfuma tus pechos.”

Roberto Macías

Soñaba despierto con alcanzar la cima de fuego donde yacen tus pasiones. Perdí la razón por querer anidar en el frontispicio de tus muslos.

Quizá fue estúpido imaginar que, los versos y las flores; el café y las letras otoñales, las mañanas frente al mar detendrían tu marcha.

En mi golondrina indómita, salvaje, ingobernable, seguían latiendo los vientos del Sur.

Demasiada añoranza desbordaba ya tus pensamientos. No podías silenciar el persistente susurro de las gaviotas y los mares reclamando tu regreso.

Y aun así, sabiendo que ante tus ojos no era más que un horrendo licántropo, me atreví a seguir tus pasos y soñarte desnuda.

Desde entonces, soy un espectro que vaga por oscuros tejados y, entre gatas comunes que se entregan sin recelo, promete ante crucifijos mancillados, olvidar tu nombre.

“Sigo añorando el fulgor de esa mirada, que alguna vez encendiera mi universo con la fuerza de dos astros que colisionan.”

Roberto Macías

Esperaba encontrar

tu figura al final de la tarde. Pero solo hallaba vestigios de tus pasos por hostales: labiales rotos, copas vacías, cigarros cubiertos de falsos juramentos y sábanas manchadas de amargura.

Me obsesioné con entrar en tu regazo; como loco busqué tu estela perfumada por senderos lúgubres, donde los hombres se mezclan con las sombras.

Perdí la juventud y la ilusión buscando amar un fantasma que, sin piedad ni compasión, se ausentó de mi vida con nocturnidad.

Dejando huérfanas mis letras y en la agonía los versos. Sigo mirándome en espejos que cuentan mentiras y verdades a medias; preguntándome si aún sigo vivo o ya estoy muerto...

Quizá estas sean las últimas letras de un licántropo que perdió a su musa.

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